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jueves, 11 de octubre de 2018

Cuentos de imaginación y misterio

Las mil y una andanzas de la versión cortazariana

En el diseminado ámbito global del idioma español son celebérrimas y canónicas las traducciones que el argentino Julio Cortázar (1914-1984) hizo de buena parte de la obra del norteamericano Edgar Allan Poe (1809-1849). Vale recordar que 67 relatos de Poe, traducidos por Cortázar, desde 1970 han sido sucesivamente reeditados en Madrid por Alianza Editorial en dos tomitos titulados Cuentos 1 y Cuentos 2, números 277 y 278 de la serie El libro de bolsillo; acopios que circulan en España, en Iberoamérica e Hispanoamérica (y aún más allá) signados por una nota anónima que a la letra dice: “Esta obra fue publicada en 1956 por Ediciones de la Universidad de Puerto Rico, en colaboración con la Revista de Occidente, con el título Obras en Prosa I. Cuentos de Edgar Allan Poe. La actual edición de Alianza Editorial ha sido revisada y corregida por el traductor.”  
 
El libro de bolsillo núm. 277, Alianza Editorial, 11ª edición
Madrid, 1984
        Pero además de arbitrariamente reordenarlos ex profeso por cierto sentido temático (y no sujeto al orden cronológico), Cortázar los precedió con un novelesco esbozo biográfico: “Vida de Edgar Allan Poe”, dividido en cinco partes: “Infancia”, “Adolescencia”, “Juventud”, “Madurez” y “Final”. Sobre tal bosquejo, entre las páginas 95-96 del volumen Narrativa completa (Madrid, Bibliotheca AVREA, Ediciones Cátedra, 2011), de Edgar Allan Poe, Margarita Rigal Aragón cuestiona que “se trata de una biografía hoy día obsoleta”; según repite (siguiendo una nota al pie de página): “la fuente usada por Cortázar es la legendaria biografía de Hervey Allen, 1926” (vale repetir que también usó la no menos legendaria de Arthur Hobson Quinn, 1941); no obstante, pondera: “es de una importancia singular para dar a conocer la figura de Poe en España.” Ante tal corsé o atavismo endogámico, casi resulta tautológico puntualizar que el esbozo biográfico de Poe, escrito por Cortázar, también ha sido relevante en Hispanoamérica y en los remotos y dispersos rincones de la aldea global donde el español se habla y es moneda corriente.  
   
El libro de bolsillo núm. 278, Alianza Editorial, 8ª edición
Madrid, 1983
       Y al final del tomo 2 de los Cuentos de Poe, en el apartado “Notas”, el propio Cortázar resume el criterio de su ordenación de los relatos que Poe publicó entre el “14 de enero de 1832” y el “9 de junio de 1849”, e incluye 67 apostillas (una por cada narración) sobre las que apunta: “En las notas siguientes, luego del título original de cada cuento, se menciona la primera publicación del mismo. La cifra entre paréntesis indica el orden cronológico de cada publicación con referencia al total (67 cuentos). Así, William Wilson, publicado en 1840, es el vigésimo tercer relato publicado de Poe. Este dato puede servir para situar aproximadamente la fecha de composición de los cuentos, aunque esto último es materia de abundante controversia.”
El libro de bolsillo núm. 341, Alianza Editorial, 13ª edición
Madrid, 1998
       Con menos reediciones que el par de tomitos que reúnen los 67 cuentos de Poe traducidos por Cortázar, en 1971, con el número 341 de la serie El libro de bolsillo, Alianza Editorial publicó en Madrid la Narración de Arthur Gordon Pym de Nantucket (The Narrative of Arthur Gordon Pym of Nantucket, el cuarto libro publicado por Poe en 1838), con prólogo y traducción de Julio Cortázar, en cuya página legal también figura una nota anónima del editor donde se canturrea: “Esta obra fue publicada en 1956 por Ediciones de la Universidad de Puerto Rico, en colaboración con la Revista de Occidente, con el título Obras en Prosa II. Narración de A.G. Pym, Ensayos y críticas, Eureka. La actual edición de Alianza Editorial ha sido revisada y corregida por Julio Cortázar.”

El libro de bolsillo núm. 384, Alianza Editorial, 6ª edición
Madrid, 1997
         En este sentido, Alianza Editorial, con esa misma nota en su correspondiente página legal, publicó, en 1972 y con el número 384 de la serie El libro de bolsillo, el ensayo de Poe: Eureka, con la traducción y un breve prefacio de Julio Cortázar. Y en 1973, con el número 464 de El libro de bolsillo, Alianza editó el título antológico Ensayos y críticas, de Edgar Allan Poe; pero la nota anónima se achicó: “Esta obra fue publicada en 1956 por Ediciones de la Universidad de Puerto Rico, en colaboración con la Revista de Occidente, con el título Obras en Prosa II. Ensayos y críticas. La actual edición de Alianza Editorial ha sido revisada y corregida por el traductor.” En contraste con tal achicamiento, Julio Cortázar precede su traducción con una nota “Al lector”, seguida de una “Introducción” titulada “El poeta, el narrador y el crítico”, un largo y sesudo estudio y análisis de la obra de Edgar Allan Poe (y sus nexos), que resulta el particular breviario poemaníaco del Gran Cronopio, oráculo de las subterráneas y masivas legiones de lectores de Poe en español.

El libro de bolsillo núm. 464, Alianza Editorial, 2ª edición
Madrid, 1987
       Entre esos lectores de marras (que infestan las laberínticas y oscuras catacumbas de la aldea global) es consabido que además de las sucesivas reediciones del par de tomitos de Alianza Editorial que compilan los 67 Cuentos de Poe traducidos, prologados y anotados por Cortázar, otras editoriales, en busca de dividendos crematísticos (y a veces destacando alguna variante o aportación), suelen hacer uso del prestigio y celebridad de tales traducciones.

       Por ejemplo, en 2004, en España, Aguilar publicó el tomo 1 de las Obras completas de Edgar Allan Poe (volumen que también circuló en Hispanoamérica, incluso en estanquillos de periódicos), el cual, al inicio, presenta el susodicho esbozo biográfico de Poe que Cortázar pergeñó para encabezar los 67 relatos editados por Alianza Editorial en dos tomitos. Luego sigue la Narración de Arthur Gordon Pym de Nantucket, precedida por el prólogo que Cortázar, ex profeso, redactó para ésta. Y a continuación, con el título Cuentos, figuran los 67 relatos de Poe, dispuestos en el orden proyectado por Cortázar, seguidos por las correspondientes 67 “Notas” escritas por él. 
(Madrid, Aguilar, 2004)
         Si ese volumen de Aguilar (tipo biblia) es una modesta edición (de precio accesible para un lector de a pie) cuyas páginas se desprenden durante la lectura (pese al cartoné y a su listón-separador), el par de tomos editados en Barcelona, en 2004, por Galaxia Gutenberg y Círculo de lectores son un oneroso lujo, exclusivo para coleccionistas con parné y vacaciones de cinco estrellas en el Mediterráneo. Retitulados Todos los cuentos 1 y Todos los cuentos 2, los 67 relatos de Edgar Allan Poe traducidos por Cortázar, con ilustraciones ex profesas de Joan-Pere Viladecans, figuran allí con el mismo orden planteado por el traductor, precedidos por el mismo esbozo biográfico y con las mismas postreras notas.

(Barcelona, Galaxia Gutenberg/Círculo de lectores)
       En 2008, en España y en México, Páginas de Espuma publicó el volumen Cuentos completos. Edición comentada, que comprende los 67 relatos de Poe traducidos por Cortázar. Se trata de una edición coordinada y prologada por Fernando Iwasaki y Jorge Volpi; la cual incluye una “Presentación” de Carlos Fuentes y un prefacio de Mario Vargas Llosa rotulado “Poe y Cortázar”, donde laudatoriamente sopesa y categoriza sobre la trascendencia y el cualitativo e intrínseco valor de las traducciones del Gran Cronopio en el orbe del idioma español: 

(México, Páginas de Espuma, 2008)
       “La traducción que hizo Cortázar de los cuentos, ensayos y novelas cortas de Poe merece figurar entre las obras maestras de la literatura contemporánea en lengua española, así como la traducción de los cuentos de Poe por Baudelaire es reconocida como uno de los momentos literarios de la lengua francesa. Esta traducción, al mismo tiempo que una maestría absoluta en el dominio del inglés y el español y un conocimiento exhaustivo de la obra de Poe, delata una cercanía intelectual y un amor apasionado de Cortázar por el mundo, la fantasía, los fantasmas y los traumas con los que el genio de Poe construyó su obra. Su mayor mérito es que ella en ningún momento parece una traducción pues Cortázar ha conseguido recrear dentro del espíritu de la lengua de Cervantes y de Borges el lenguaje de Edgar Allan Poe, encontrando equivalencias lingüísticas y reconstruyendo dentro del genio de nuestra lengua las peculiaridades estilísticas inglesas y la riquísima orfebrería léxica con que Poe elaboró todos sus textos. Quiero decir que, como todas las grandes traducciones, la versión que el autor de Rayuela da de la obra del norteamericano pertenece tanto a Poe como al propio Cortázar.”



Aurora Bernárdez, Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar y unos amigos
Grecia, 1967
          Pero además, someramente, Mario Vargas Llosa da tenues visos del legendario y borroso origen de la versión cortazariana de la obra de Edgar Allan Poe:
“Muchas veces me pregunté a qué circunstancias o factores se debió el hecho de que Cortázar dedicara dos años de su vida, trabajando de tiempo completo, a esa extraordinaria mudanza que llevó a cabo de la obra de Poe al español. La razón primera, claro está, fue la admiración que sintió desde muy joven por el gran escritor que fue Poe. Pero la razón práctica sólo la descubrí años después de leer con pasión los cuentos de Poe en su versión cortazariana, mientras enseñaba en la Universidad de Río Piedras, en Puerto Rico. Allí supe que fue gracias a Francisco Ayala, quien había conocido a Cortázar en Buenos Aires, donde Ayala pasó parte de su exilio, que la universidad puertorriqueña, entonces bajo el rectorado de Jaime Benítez, encargó a Cortázar la traducción de la obra completa de Poe en prosa. Gracias a este contrato Julio y Aurora Cortázar pudieron vivir sin muchos apuros sus primeros años europeos, entre Francia e Italia, trabajando en esta traducción en la que seguramente los consejos y la ayuda de Aurora, traductora extraordinaria también, contribuyeron al éxito de esta noble empresa literaria.” 
     
Aurora Bernárdez y Mario Vargas Llosa
charlando  en torno a Julio Cortázar
(Madrid, julio 3 de 2013)
          No obstante, si el volumen Cuentos completos. Edición comentada incluye el esbozo biográfico escrito por Cortázar (“Vida de Edgar Allan Poe”) y respeta el orden de los cuentos propuesto por el argentino nacido en Bélgica, los editores (se infiere que Iwasaki y Volpi) prescindieron de las postreras 67 “Notas” del traductor e incluyeron, antes de cada cuento, un azaroso comentario que 67 veces dizque abre el apetito del sediento y ansioso lector (un misceláneo y quesque exquisito y sustancio entremés); es decir, 67 escritores invitados (entre ellos Iwasaki y Volpi) comentan, ex profeso para tal edición, los 67 cuentos de Poe traducidos por el Gran Cronopio. Si bien algunos comentarios (variantes del egotismo) resultan sugestivos, informados y magnéticos, otros son secos topes de burro, auténticos patinazos que ipso facto envían al panteón de la eterna risotada o mandan a la tumba hundidos en la somnífera catalepsia (absolutamente vergonzantes, hilarantes y prescindibles).

En 2009, Edhasa, en Barcelona, publicó el tomo Cuentos completos, de Edgar Allan Poe, donde figuran los 67 cuentos de Poe traducidos por el Gran Cronopio. De hecho esto es un gancho publicitario anunciado desde la portada: “Traducción de JULIO CORTÁZAR”. No obstante, en el interior descuella una falacia (a todas luces intencional) al anunciarse: “Traducción y notas de Julio Cortázar”; pues este volumen no incluye ninguna nota de él, ni sus postreras y consabidas 67 “Notas”, ni tampoco su preliminar esbozo biográfico (“Vida de Edgar Allan Poe”). Y más aún: no se respetó el orden de los cuentos dispuesto por el traductor argentino, pues el objetivo de tal edición de los Cuentos completos de Poe (traducidos por Cortázar) se advierte y resume en una anónima y preliminar “Nota del Editor”: 
 
(Barcelona, Edhasa, 4ª reimpresión, 2015)
           “Se presentan en este volumen los cuentos de Edgar Allan Poe en su orden cronológico, siguiendo la edición llevada a cabo por Patrick E. Quinn y G.R. Thompson para The Library of America (Poe, Poetry, Tales & Selected Essays, Nueva York, 1984). Sólo en el caso de los textos creados para acompañar grabados no se ha respetado ese orden, y aparecen aquí a continuación del conjunto de los cuentos.
     “Las fechas de composición o de las versiones definitivas que han servido para establecer la cronología de los textos, así como precisiones acerca de los firmados con el seudónimo Littleton Barry, los sucesivos cambios de título, las refundiciones, etc., pueden encontrase al final de la obra (pp. 1.007-1.115).”
     
(Barcelona, Edhasa, 4ª reimpresión, 2015)
       En este sentido, tal volumen de los Cuentos completos de Poe se divide en tres partes. La primera agrupa 66 relatos, precedidos por un par de prólogos del propio Edgar Allan Poe, traducidos al español por Gregorio Cantera: “Prefacio a Cuentos grotescos y fantásticos (1840)” y “El Club del Libro en Folio”. De esos 66 relatos de Poe, 63 son traducción de Cortázar y 3 de Gregorio Cantera: “Instinto versus razón. La gata negra”, “Filosofía del mobiliario” y “El faro”. La segunda parte del volumen, titulada “Estampas”, comprende cuatro relatos de Poe, de los cuales dos son traducción de Cortázar: “La isla del hada” y “El alce”; y dos de Gregorio Cantera: “A propósito de Stonehenge. La danza del Gigante” y “Byron y miss Chaworth”. Y por último, cierra el volumen la sección bibliográfica anunciada en la “Nota del Editor”: “Procedencia de los cuentos”, cuya autoría también es anónima.
     Frente a tales acopios (Poe-Cortázar) el más ambicioso (y apoteósico) es el citado volumen Narrativa completa, de Edgar Allan Poe, impreso en Madrid, en 2011, por Ediciones Cátedra, dentro la colección Bibliotheca AVREA. La “Edición, introducción y notas” son de Margarita Rigal Aragón. Y al hojearlo se advierten dos grandes secciones. En la primera, Margarita Rigal Aragón expone una “Introducción general”, que es un bosquejo y análisis de la vida y obra de “Edgar Allan Poe (1809-1849)”, dividido en los siguientes apartados: “Marco histórico-social”, “Marco literario”, “Desmitificando el mito”, “Vida de Poe”, “Obra”, “A. Obra poética y ensayística”, “B. Narrativa. Novelas”, “C. Narrativa. Cuentos”, “C.1. Poe y el relato policiaco”, “C.2. Teoría de Poe en torno al cuento”, “C.3. Leyendo los cuentos de Poe: la configuración de los relatos”, “C.3.1. Estructuras”, “C.3.2. Narradores”, “C.3.3. Personajes” y “C.3.4. Tiempo y espacio”.
   
(Madrid, Cátedra, 2011)
       En la misma “Introducción general”, Margarita Rigal Aragón prosigue con una “Cronología” sobre la vida y obra de Poe y con una “Relación de los lugares en los que Poe vivió”. Luego presenta una nota sobre los criterios de su edición y una parcialmente comentada “Selección bibliográfica”, dividida en ocho interesantísimas partes.  
   La segunda (y última) gran sección del volumen se titula “Narrativa completa de Edgar Allan Poe”, la cual se divide en tres partes. En la primera se presentan los 67 cuentos de Poe traducidos por Cortázar, pero ordenados cronológicamente y no en el orden dispuesto por el argentino. Y en lugar de las postreras 67 notas de Cortázar, a cada cuento le corresponden 67 notas pergeñadas ex profeso por Margarita Rigal Aragón, en las que ella suele destacar los presuntos influjos literarios que al parecer incidieron en la escritura de cada texto. 
     En la segunda parte (de esa segunda gran sección del volumen) se lee la Narración de Arthur Gordon Pym traducida por Cortázar, pero sin su correspondiente prólogo; no obstante, salpimentada por 16 notas de Margarita Rigal Aragón en las que, pese a sus observaciones y erudición, no falta algún lapsus. Por ejemplo, al final de su tercera nota apunta: “Una semana después del rescate de los dos jóvenes [tras el naufragio del Ariel], estos inician una segunda aventura a bordo del Grampus.” Pues esto no ocurre “Una semana después” sino “Unos dieciocho meses después” del naufragio del Ariel, tal y como se lee en la página 796 al inicio del segundo párrafo: “Unos dieciocho meses después del desastre del Ariel, la firma de Lloyd y Vredenburgh (casa vinculada en cierto modo con los señores Enderby, creo que de Liverpool) se ocupaba de reparar y aparejar el bergantín Grampus para la caza de la ballena. Se trataba de una vieja carraca casi inútil para la navegación, a pesar de todas la reparaciones que se le habían hecho.” 
   O sea que los duendes no existen, pero de que los hay, los hay. Véase otro ejemplo: en la página 92 del catedrático volumen Narrativa completa se lee que el segundo libro que Poe publicó en vida (Al Aaraaf, Tamerlane, and Minor Poems) se editó en Baltimore en “1929” y no en 1829.
 
(Contraportada)
         El caso es que la tercera parte, de la segunda gran sección del volumen, cierra la Narrativa completa de Poe con El diario de Julius Rodman, cuasi novela inconclusa (dividida en seis capítulos) traducida por Margarita Rigal Aragón, quien la aderezó y documentó con 13 notas. En la primera apunta: “Esta ‘novela’ inacabada de Poe iba a constar de 12 capítulos pero solo seis de ellos fueron escritos y publicados. En vida del autor el diario apareció en seis entregas en la Burton’s Gentleman’s Magazine de Nueva York en el año 1840 y no iba firmado por Edgar A. Poe. Con posteridad a la muerte del autor, su autoría no sería reconocida hasta que el británico John Henry Ingram descubrió entre los manuscritos de Poe el de The Journal of Julius Rodman, obra que incluyó en su The Works of Edgar Allan Poe, aparecida entre 1874 y 1875.” 
   
Poe. Una vida truncada (Barcelona, Edhasa, 2009)
Página 5 de la iconografía
       Como dato curioso y controvertido, vale apuntar (y contraponer) que en la breve iconografía que ilustra el libro Poe. Una vida truncada (Barcelona, Edhasa, 2009), biografía del británico Peter Ackroyd, se observa una deficiente foto en blanco y negro del Gentleman’s Magazine, coeditado por William E. Burton y Edgar A. Poe, correspondiente a julio-diciembre de 1839, donde claramente se lee que la sede del Gentleman’s Magazine estaba en Filadelfia y no en Nueva York.    


(Barcelona, Seix Barral, 2006)
     El azaroso y póstumo destino de la versión cortazariana de la obra de Edgar Allan Poe comprende, también, los libros que entresacan y destacan alguna parte del todo. Por ejemplo, La trilogía Dupin (Barcelona, Seix Barral, 2006) reúne los consabidos tres cuentos policiales con los que, estipulan y proclaman los doctos, Poe inauguró el género policíaco en el orbe occidental. Es decir, aquí se leen (sin las postreras y correspondientes notas cortazarianas) la celebérrima traducción que Cortázar hizo de “Los crímenes de la calle Morgue”, de “El misterio de Marie Rogêt (continuación de ‘Los crímenes de la calle Morgue’)” y de “La carta robada”. 
     
(México, Seix Barral, 2006)
        Vale añadir que el prólogo de La trilogía Dupin es de Matthew Pearl, escritor norteamericano en cuya obra destaca su novela La sombra de Poe (México, Seix Barral, 2006), una mixtura de sustrato biográfico e histórico, thriller policíaco, novela negra y de aventuras, divertimento e historia de amor, donde escudriña y especula sobre los entresijos de la temprana y oscura muerte de Poe en Baltimore, sucedida, a sus 40 años, el 7 de octubre de 1849 en el hospital universitario Washington, tras haber sido hallado, cuatro días antes, en graves circunstancias etílicas en la taberna y hotel Ryan’s. Pero también, Matthew Pearl imagina la existencia de Quentin Hobson Clark, un joven abogado de Baltimore (fervoroso lector, admirador y contemporáneo de Poe), quien en 1851 se empeña en localizar en París al personaje de carne y hueso que puede desentrañar los misterios de tal fallecimiento y que no es otro que el individuo en que supuestamente se basó Poe para crear a su detectivesco raciocinador; pero en tal búsqueda se tropieza con dos candidatos que explosiva y encarnizadamente compiten entre sí para resolver el caso y, al parecer, por demostrar quién es el verdadero y único modelo inspirador: Auguste Duponte y el barón Claude Dupin. Curiosamente, el título de la obra de Matthew Pearl: La sombra de Poe, y la novela en sí, evocan o remiten a unas líneas de Jorge Luis Borges que se leen en “El cuento policial”, una de sus cinco conferencias editadas en Borges oral (Buenos Aires, Emecé/Universidad de Belgrano, 1979): “Poe es un proyector de sombras múltiples. ¿Cuántas cosas surgen de Poe?”
   
Antología de la literatura fantástica
Colección Laberinto núm. 1, Editorial Sudamericana
Buenos Aires, diciembre 24 de 1940
Páginas 226-227
         Y también, curiosamente, Borges, quien con Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares antologó “La verdad sobre el caso de M. Valdemar” en la celebérrima Antología de la literatura fantástica (Buenos Aires, Col. Laberinto, núm. 1, Editorial Sudamericana, 1940), y que desde luego ultrasabía de la celebridad y calidad de la versión cortazariana de la obra de Poe, no eligió las traducciones de Cortázar para las no menos célebres antologías reeditadas, revisadas y anotadas a cuatro manos con Bioy: Los mejores cuentos policiales 1 (Buenos Aires, Emecé, 1962) y Los mejores cuentos policiales 2 (Madrid, Libro de bolsillo, núm. 950, Emecé/Alianza, 1983); ésta con un “Prólogo” (firmado por el porteño dúo dinámico en “Buenos Aires, 19 de octubre de 1981”) donde destacan el seminal y consabido aporte de Poe en la narrativa policíaca (y por ello seleccionaron “La carta robada”). Y tampoco lo hizo en las antologías del autor de “El cuervo” seleccionadas y prologadas por Borges en solitario (con el auxilio de una amanuense): La carta robada (Madrid, La Biblioteca de Babel, núm. 18, Ediciones Siruela, 1985); y Cuentos de Poe (Madrid, Biblioteca Personal de Jorge Luis Borges, núm. 65, Hyspamérica Ediciones, 1986). La curiosidad se amplía por el hecho de que Borges tenía en óptima estima los cuentos fantásticos del Gran Cronopio. Prueba de ello es el indeleble y laudatorio prólogo que preludia la antología de Cuentos de Cortázar (Madrid, Biblioteca Personal de Jorge Luis Borges, núm. 1, Hyspamérica Ediciones, 1985), en donde evoca el legendario y mítico episodio que remite a la publicación del cuento “Casa tomada” en el número 11 de la revista Los Anales de Buenos Aires (diciembre de 1946): 
     “Hacia mil novecientos cuarenta y tantos, yo era secretario de redacción de una revista literaria, más o menos secreta. Una tarde, una tarde como las otras, un muchacho muy alto, cuyos rasgos no puedo recobrar, me trajo un cuento manuscrito. Le dije que volviera a los diez días y que le daría mi parecer. Volvió a la semana. Le dije que su cuento me gustaba y que ya había sido entregado a la imprenta. Poco después, Julio Cortázar leyó en letras de molde Casa Tomada con dos ilustraciones a lápiz de Norah Borges. Pasaron los años y me confió una noche, en París, que ésa había sido su primera publicación. Me honra haber sido su instrumento.”
     
Borges en la Casa Museo Edgar Allan Poe (Baltimore, 1983)

Foto de María Kodama incluida en
Jorge Luis Borges. Un ensayo autobiográfico (España,GG/CL/Emecé, 1999)
        No extraña, entonces, que el cuento “Casa tomada” haya sido incorporado a la segunda edición (revisada, modificada y ampliada) de la susodicha Antología de la literatura fantástica, impresa en Buenos Aires, en septiembre de 1965, por Editorial Sudamericana; que es la que se ha venido reeditando hasta el presente (por varias editoriales) y por ende incluye, tanto el “Prólogo” de Bioy publicado en 1940, como el que firmó el “16 de marzo de 1965” en “Rincón Viejo, Pardo”.
   En el tomito segundo de la no menos célebre antología Cuentos fantásticos del XIX (Madrid, El ojo sin párpado, núm. 2, Ediciones Siruela, 1987), Italo Calvino seleccionó y prologó el cuento de Poe: The Tell-Tale Heart (1843). Además de que el título en inglés figura allí alterado por un duende más ciego que un topo de alguna fétida, humeante y deletérea alcantarilla de la Casa Usher: The Tale-Tell Heart, la traducción al español: “El corazón revelador”, hecha por un tal “J. Maestre”, es mucho menos afortunada que la traducción del tal J. Cortázar, rotulada (e inmortalizada) por éste: “El corazón delator”.
   
Cuentos fantásticos del XIX
Volumen segundo
Col. El ojo sin párpado núm.2, Ediciones Siruela
Madrid, 1987
(Página 9)
           Desde luego que no para curarse en salud por ese yerro (y quizá desdén ante la versión cortazariana), Jacobo Siruela, el fundador y ex dueño de Ediciones Siruela, en su prologada y voluminosa Antología universal del relato fantástico (Girona, Ars Brevis, núm. 78, Ediciones Atalanta, 2013) escogió (para la isla desierta) la traducción de Cortázar del “Manuscrito hallado en una botella” (Jacobo lo fecha entre paréntesis en “1831”; pero Cortázar, en su correspondiente nota, apunta que se publicó el “19 de octubre de 1833” en el semanario Baltimore Saturday Visiter; y en esto Margarita Rigal Aragón coincide con él, pese a su errata en la e de Visiter); uno de los cuentos de Poe más célebres, alucinantes, envolventes, vertiginosos y sobrecogedores, del que Ignacio Padilla, en el citado volumen Cuentos completos. Edición comentada, brinda un ameno y sugerente aperitivo. 



Antología universal del relato fantástico 
Col. Ars Brevis núm. 78, Ediciones Atalanta
Girona, 2013
(Página 165)
    Pero además, como para no reparar en gastos y tributos ante la mancuerna Poe-Cortázar, el nocturno, pálido y larguirucho dedo flamígero del Conde de Siruela eligió el “Axolotl” para su Antología universal, cuento que Julio Cortázar compiló en su cuarto libro: Final del juego, cuya primera edición apareció en México, en 1956, en la serie Los Presentes, editorial alentada y dirigida por Juan José Arreola. 
   
Antología universal del relato fantástico 
Col. Ars Brevis núm. 78, Ediciones Atalanta
Girona, 2013
(Página 1121)
        No obstante, según reporta Roger Bartra en una nota que se lee en página 281 del vistoso volumen antológico Axolotiada. Vida y mito de un anfibio mexicano (México, SEMARNAT/INAH/FCE, 2011): “La primera versión del cuento ‘Axolotl’ se publicó en el primer número de la revista Buenos Aires Literaria, en octubre de 1952.” Pero según apuntó Saúl Yurkievich (“Con la colaboración de Gladis Anchieri”) en la página 1119 del póstumo volumen de Julio Cortázar: Obras completas I. Cuentos (Barcelona, Galaxia Gutenberg/Círculo de lectores, 2003) fue dos años después, y no en el primero, sino en el tercer número de tal revista: “‘Axolotl’ [apareció] en Buenos Aires Literaria, núm. 3, 1954”.
 
Axolotiada. Vida y mito de un anfibio mexicano
SEMARNAT/INAH/FCE
México, 2011
(Página 281)
       Por su parte, Libros del Zorro Rojo, con el prólogo y la traducción de Cortázar, publicó, en enero de 2015, la Narración de Arthur Gordon Pym, editada en Barcelona e impresa en Polonia por Zapolex. Edición que descuella por su excelente diseño con solapas y guardas a dos tintas y buenas dimensiones (23.09 x 16.05 cm), profusa y espléndidamente ilustrada en blanco y negro por el artista argentino Luis Scafati.
     
(Polonia, Libros del Zorrojo, 2015)
      Pero ya en septiembre de 2009, Libros del Zorro Rojo había editado el volumen Cuentos de imaginación y misterio; una anónima antología de 22 cuentos de Poe traducidos por Cortázar, ilustrados en blanco y negro por el artista irlandés Harry Clarke (1889-1931). Se trata, también, de un volumen de dimensiones generosas (18.07 x 24.06 cm), buen diseño con sobrecubierta en blanco y negro, y tapas negras en cartoné con la tipografía en blanco. Y al igual que la Narración de Arthur Gordon Pym, Libros del Zorro Rojo cierra la magnífica edición con una nota que constata el aporte del Gobierno de España a través del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte: “Esta obra ha sido publicada con una subvención del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, para su préstamo público en Bibliotecas Públicas, de acuerdo con lo previsto en el artículo 37.2 de la Ley de Propiedad Intelectual.”
     
( Polonia, Libros del Zorro Rojo, 5ª reimpresión, septiembre de 2016)
         
(3ª de forros)
          Datos sobre la vida y la trayectoria de Edgar Allan Poe, en el volumen Cuentos de imaginación y misterio, se resumen y exhiben en la segunda de forros y sobre Harry Clarke en la tercera, cada nota encabezada por un correspondiente retrato del autor en óvalo. Y en la cuarta de forros, Libros del Zorro Rojo pondera y pregona (con bombo, flautín, pandereta y platillos) a los cuatro pestíferos vientos de la recalentada aldea global: 
       “Hacia 1917 el eximio artista irlandés HARRY CLARKE emprendió uno de los trabajos que determinaría su fama: la ilustración de TALES OF MYSTERY AND IMAGINATION, una antología de los más altos relatos de EDGAR ALLAN POE preparada por la editorial Harrap. La edición, publicada en Londres en 1919, fue reconocida inmediatamente como una de las joyas bibliográficas de la época. Desde entonces, las estampas de Clarke siguen ejerciendo un extraño magnetismo, fruto de una exquisita y laboriosa ejecución, que hizo honor a las sublimes historias que la inspiraron. Libros del Zorro Rojo recupera para sus lectores esta obra mítica, con traducción de JULIO CORTÁZAR y un notable prefacio de su autoría.” 
   
(2ª de forros)
               Los 22 relatos de Edgar Allan Poe, caprichosamente antologados por una mano anónima en Cuentos de imaginación y misterio, son los siguientes: “William Wilson” (1839), “El pozo y el péndulo” (1842), “Manuscrito hallado en una botella” (1833), “El gato negro” (1843), “La verdad sobre el caso del señor Valdemar” (1845), “El corazón delator” (1843), “Un descenso al Maelström” (1841), “El tonel de amontillado” (1846), “La máscara de la Muerte Roja” (1842), “El entierro prematuro” (1844), “La cita” (1834), “Morella” (1835), “Berenice” (1835), “Ligeia” (1838), “La caída de la casa Usher” (1839), “El coloquio de Monos y Una” (1841), “Silencio” (1837), “El escarabajo de oro” (1843), “Los crímenes de la calle Morgue” (1841), “El misterio de Marie Rogêt” (1843), “El Rey Peste” (1835) y “Los l
eones” (1835). 
        Vale añadir que además de las diseminadas viñetas de Harry Clarke, cada una de las estampas que ilustran las narraciones de Poe, y el “Prefacio” de Cortázar, se aprecian en una página completa. Y curiosamente, aquí, en el postrero apartado “Notas”, sí se incluyeron las correspondientes apostillas escritas ex profeso por el Gran Cronopio. Un lúdico y somero cotejo entre la ordenación cronológica que Margarita Rigal Aragón registra en Narrativa completa y la numeración cronológica que Cortázar consigna entre paréntesis en cada una de sus “Notas”, revela veinte coincidencias y sólo dos diferencias. Según Cortázar, “Ligeia” es el cuento 18 y según Margarita es el 17. Para Cortázar “Silencio” es el cuento 17 y para Margarita es el 16. En fin, cuento de nunca acabar (e indicios de la “abundante controversia”).     
   
(Cuarta de forros)
       En la nota de “La cita”, un cuento de impronta y tesitura romántica que tácita e implícitamente tributa a lord Byron (exiliado en Venecia), llama la atención la autocrítica y modestia de Cortázar ante su traducción de los versos de Poe: “Digamos del poema The one in Paradise que Poe intercaló en el cuento, que su versión española no pasa de un equivalente aproximado, que busca salvar algo del ritmo original. Lo mismo cabe decir de los poemas que aparecen en Ligeia y en La caída de la casa Usher.”
     Y en cuanto a la nota que le destinó al “Rey Peste”, quizá Cortázar no entendió del todo el sentido humorístico, bufonesco y paródico de Poe, pues se trata de uno de sus cuentos más chocarreros e hilarantes desarrollado en un fantástico entorno pseudomacabro, teatral y fársico (sin un grumo ni un pelo realista), y francamente lo interpreta como un chasco y por ende, con un preliminar e interpósito escupitajo de malaleche y una postrera pústula de interpósita moralina, lo pone a imagen y semejanza de un hediondo camote de Puebla: “Shanks ha visto aquí ‘una bufonada increíblemente estúpida e ineficaz’. Quizá cupiera ver también un gran fracaso; la primera mitad del relato es excelente, y la descripción de Londres bajo la peste parece digna de cualquiera de los buenos cuentos de Poe; pero hay algo de callejón sin salida al final, y hasta podría pensarse en una resolución vertiginosa como la de los sueños, un brusco viraje que echa abajo el castillo de naipes. Baldini ve en este cuento algún eco de I Promessi Sposi, de Manzoni, que Poe había reseñado unos meses antes. Para R.L. Stevenson, ‘el ser capaz de escribir El Rey Peste había dejado de ser humano’.” 
     
Aurora Bernárdez y Julio Cortázar

Foto incluida en Cortázar. Iconografía (México, FCE, 1985)
      Vale concluir la nota diciendo que el “Prefacio” de Julio Cortázar que preludia el presente volumen de los Cuentos de imaginación y misterio, crítico y no complaciente con la personalidad de Edgar Allan Poe, está fechado por él en 1972. Y se infiere que Cortázar lo escribió en inglés y no español, pues el copyright “de la traducción del prefacio”, datado en 2009, le pertenece a Aurora Bernárdez (1920-2014), la legendaria traductora y primera esposa de Cortázar (y postrera albacea de su legado documental, bibliográfico y literario), cómplice suya durante la prolongada, absorbente y meticulosa escritura de la inmortal versión cortazariana de la inmortal obra de 
Edgar Allan Poe.

Aurora Bermnárdez
(1920-2014)



Edgar Allan Poe, Cuentos de imaginación y misterio. Prefacio, traducción y notas de Julio Cortázar. Traducción del prefacio de Aurora Bernárdez. Ilustraciones en blanco y negro de Harry Clarke. Libros del Zorro Rojo. 5ª reimpresión. Polonia, septiembre de 2016. 430 pp. 


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Aurora Bernárdez y Mario Vargas Llosa charlan en torno a Julio Cortázar, el boom y otros temas. 
    

domingo, 17 de diciembre de 2017

Narración de Arthur Gordon Pym

Un leño rodando a merced de cada ola

Edgar Allan Poe
(1809-1849)
Los biógrafos, críticos, antólogos y comentaristas de la obra del norteamericano Edgar Allan Poe (1809-1849) suelen recordar, de manera vaga o precisa, que fragmentos iniciales de The Narrative of Arthur Gordon Pym of Nantucket fueron publicados, en enero y febrero de 1837, en The Southern Literary Messenger, revista mensual de Richmond, Virginia, propiedad de Thomas W. White, en la que Poe comenzó a trabajar en agosto de 1835. Labor que, reporta Julio Cortázar (1914-1984), fue “su primer empleo estable”, donde le pagaban muy poco. El cual perdió por desavenencias con White y por sus excesos (entre ellos el alcohol que lo enloquecía y noqueaba), y por ende la publicación por entregas de Pym se interrumpió. No obstante, en julio de 1838 la editorial Harper & Brothers, asentada en Nueva York, se la imprimió en formato de libro. Fue el cuarto libro que Poe publicó en su corta y delirante vida y el primero de narrativa. Es decir, previamente había publicado tres poemarios: Tamerlane and Other Poems by a Bostonian, editado en Boston, en 1827, por Calvin F.S. Thomas; Al Aaraaf, Tamerlane and Minor Poems, editado en Baltimore, en 1829, por Hatch & Dunning; y Poems, editado en Nueva York, en 1831, por Elam Bliss.  

(Alianza, 13a ed., Madrid, 1998)
         La traducción y el prólogo de Julio Cortázar de la Narración de Arthur Gordon Pym fue editada por primera vez en 1956 por las Ediciones de la Universidad de Puerto Rico y la Revista de Occidente. La cual revisó y corrigió para Alianza Editorial, que la publicó en Madrid, en 1971, con el número 341 de la serie El libro de bolsillo. Colección donde se reeditaron, revisadas y prologadas, las otras traducciones que Cortázar hizo de la obra de Poe, previamente publicadas en 1956 por las Ediciones de la Universidad de Puerto Rico y la Revista de Occidente. En 1970, con los números 277 y 278 de la serie El libro de bolsillo se editaron, con los rótulos Cuentos 1 y Cuentos 2, el par de tomitos que reúnen los 67 cuentos que escribió Poe ordenados por el traductor Julio Cortázar, quien además los prologó y anotó. En 1972, con el número 384 de la serie El libro de bolsillo se editó Eureka, “Ensayo sobre el universo material y espiritual”, que Edgar Allan Poe escribió en 1847 y publicó en 1848 (fue su último y décimo libro editado en Nueva York por Geo. P. Putnam), precedido por un breve prólogo del traductor. Y en 1973, con el número 464 de la serie El libro de bolsillo, Alianza editó el título de Edgar Allan Poe: Ensayos y críticas, una antología seleccionada y traducida por Julio Cortázar, quien además incluyó unas postreras “Notas”, un prefacio y un largo ensayo preliminar que repasa la obra del autor de “El cuervo” (1845).
Libros del Zorro Rojo
(Polonia, 2015)
          La espléndida edición de Libros del Zorro Rojo de la misma prologada y revisada traducción de Julio Cortázar de la Narración de Arthur Gordon Pym, impresa en enero de 2015, en Polonia, por Zapolex, además del atractivo diseño con solapas y guardas y del buen tamaño (23.09 x 16.05 cm), está profusa y magníficamente ilustrada en blanco y negro por el artista argentino Luis Scafati (Mendoza, 1947). Aquí —pese a las imperfecciones del relato, a lo cansino de ciertos pasajes y de ciertos datos enciclopédicos y de navegación, y al paradójico y trunco final abierto—, la decimonónica y fantástica literatura de viajes y aventuras marítimas y por lugares remotos y recónditos del globo terráqueo es divertimento estético, exploración cognoscitiva y regodeo visual. 

Ilustración: Luis Scafati
        Poe, a falta de un bucanero trago de ron caribeño y para abrir el apetito de los sedientos y taberneros lectores con un canapé picante, preludia la Narración con un proemio, supuestamente anónimo, donde refiere pormenores del par de travesías de Pym a bordo de un par de barcos y que en el corpus de la obra conforman las dos grandes y principales partes en que se divide su libro: 

Narración de Arthur Gordon Pym de Nantucket
   “La cual comprende los detalles de un motín y atroces carnicerías a bordo del bergantín norteamericano Grampus, en su viaje a los Mares del Sur; con un relato de la reconquista del buque por los sobrevivientes; su naufragio y horribles sufrimientos por el hambre; su rescate por la goleta británica Jane Guy; el breve crucero de esta última en el océano Atlántico, su captura y matanza de la tripulación en un archipiélago del paralelo 84 de latitud sur, conjuntamente con los increíbles descubrimientos y aventuras, más al sur, a los cuales dio lugar esta espantosa calamidad.” 
    La Narración inicia con un “Prefacio” firmado por Arthur Gordon Pym en “Nueva York, julio de 1838” (el lugar y fecha de la publicación en formato de libro), donde dice que a petición de varios amigos y sobre todo por instancias de Mr. Poe, en “enero y febrero de 1837”, éste escribió y publicó —en “el Southern Literary Messenger, revista mensual de Richmond publicada por Mr. Thomas W. White”—, “un relato de la primera parte de mis aventuras”, “como si se tratara de una ficción”, que él mismo le había contado a Mr. Poe. Pero, según dice Pym, tal fue el éxito de verosimilitud entre los lectores que le escribieron a Mr. Poe, que, pese a “la desconfianza” en su propia “capacidad de escritor” y a que nunca llevó un diario durante sus travesías, se dio a la tarea de completar su historia, sin alterar “ningún hecho en las primeras páginas escritas por Mr. Poe”. No obstante, dice, “Incluso los lectores que no las leyeron en el Messenger notarán dónde terminan éstas y comienzan las mías; las diferencias de estilo son de las que se advierten enseguida.” Lo cual es en realidad una reverenda mentira del auténtico Edgar Allan Poe; es decir, es uno de los lúdicos y numerosos engaños al lector que pueblan la Narración de Arthur Gordon Pym.
 
Edgar Allan Poe
Ilustración: Luis Scafati
         Además del “Prefacio” y de la postrera y sesuda “Nota” de un supuesto comentarista (otro alter ego de Poe), la Narración de Arthur Gordon Pym comprende veinticinco capítulos numerados con romanos. La primera parte concluye al término del capítulo XIII con el rescate de Pym y Dirk Peters —los últimos sobrevivientes del bergantín Grampus— por parte de la goleta inglesa “Jane Guy, de Liverpool, mandada por el capitán Guy”, dizque “con rumbo a una expedición de caza y de comercio por los Mares del Sur y el Pacífico”. Y la segunda parte concluye al término del capítulo XXV, cuando Pym y Dirk Peters —los últimos supervivientes de la goleta Jane Guy— arriban, en el océano Antártico y a bordo de una canoa (arrastrada por algo más que la fuerza de las corrientes) y junto al cadáver de un bárbaro nativo de la isla de Tsalal, a una blanca catarata en el Polo Sur, donde se abre un abismo para recibirlos y donde ven surgir “una figura humana velada, cuyas proporciones eran mucho más grandes que las de cualquier habitante de la tierra. Y la piel de aquella figura tenía la perfecta blancura de la nieve.”
      El lector pensaría que en el meollo de ese ámbito fantasmagórico y pesadillesco se sucedió el fin de Pym y Dirk Peters. Sin embargo, en la postrera “Nota” el anónimo comentarista reporta la supervivencia del par de aventureros en ese sorpresivo, inesperado e inescrutable episodio, pues alude el retorno de ambos a Estados Unidos, sin bosquejar cuándo y cómo ocurrió esto. Según dice, Dirk Peters reside en Illinois y Pym recién falleció en un accidente y al parecer allí se perdieron los faltantes capítulos de su relato, cuyo “Prefacio”, para su publicación en forma de libro, firmó en “Nueva York, julio de 1838”. 
     
Ilustración: Luis Scafati
         Vale recapitular, entonces, que la última entrada del fragmentario y disperso diario de Pym —escrito con posteridad a las travesías y con fechas aproximadas, según dice— está datada el 22 de marzo de 1828. Es decir, las centrales aventuras y peligros que Pym evoca y narra en su historia ocurrieron un poco más de un década antes: entre ese interrumpido día y el 20 de junio de 1827, día que el Grampus zarpó del homónimo puerto de la isla de Nantucket, cuyo destino mercante (y no aventurero) era la caza de la ballena en los Mares del Sur. 
     Según apunta Pym casi al principio de su relato, la empresa mercantil del bergantín Grampus (“una vieja carraca casi inútil para la navegación”) empezó a gestarse “Unos dieciocho meses después del desastre del Ariel”. Entonces Pym era un joven estudiante que aún vivía en casa de sus progenitores (su padre “era un acreditado comerciante en los almacenes navales de Nantucket” y su abuelo un rico especulador de “acciones del Edgarton New Bank”) y el Ariel era un bote de vela en el que él y su amigo Augustus Barnard, dos años mayor, solían divertirse en el entorno de Nantucket. Una fría madrugada de “fines de octubre”, después de “una fiesta en casa de Mr. Barnard” (el padre de Augustus y capitán de la marina mercante que encabezaría el bergantín Grampus), Pym, luego de hartarse de vinos y licores, se quedó a dormir en la cama de su amigo, quien muy borracho (aunque al inicio no lo parecía) lo persuadió de aventurarse en el Ariel. Según dice Pym, “En aquel entonces sabía muy poco de gobernar un bote y dependía completamente de la habilidad náutica de mi amigo.” (Aserto, que reitera, y que a la postre se torna una reverenda mentira y engaño al lector, pues en el curso de su historia se revela ducho en la navegación, en la geografía, en la nomenclatura de los bergantines y en su arrumaje). Pero el caso es que un viento huracanado estuvo a punto de hacer trizas al Ariel y llevarse a los etílicos compinches al más allá; no obstante, fueron rescatados por la tripulación del Penguin, “un gran ballenero” “que navegaba hacia Nantucket”. Las minucias de esa aventura que pudo costarles la vida y las menudencias del rescate son un indicio del mejor Poe, visible en cuentos de alucinantes y peliagudas aventuras en el mar, como “Manuscrito hallado en una botella” (1833) y “Un descenso en el Maelström” (1841), y de aventuras derivadas del mar, como “El escarabajo de oro” (1843), y en indelebles pasajes y episodios de la Narración de Arthur Gordon Pym
 

Ilustración: Luis Scafati 
             Por ejemplo, cuando los sedientos y hambrientos cuatro sobrevivientes del Grampus ven acercarse un fantasmal barco de “construcción holandesa”, cuyos marineros holandeses —suponen, exultantes y alharaquientos— los rescatarán; incluso ven que un marino les hace “extrañas sonrisas y gesticulaciones” y por ende agradecen a Dios. Pero luego, cuando la cercanía y el hedor del barco errante los invade, observan el obstáculo. Según dice Pym: “Veinticinco o treinta cadáveres, entre ellos varias mujeres, yacían desparramados entre la bovedilla y la cocina en el último y más horroroso estado de putrefacción. ¡Comprendimos que a bordo de aquel buque no había un alma viviente! ¡Y, sin embargo, no podíamos contenernos y seguíamos pidiendo a gritos auxilio a los muertos!” O cuando la aún más extrema sed y el extremo apetito irremediablemente inducen a esos cuatro náufragos del Grampus, pese ciertos reparos morales, al violento asesinato y a la voraz antropofagia, cuya víctima es elegida por un juego de la suerte. 

       Tentado por las mil y una aventuras (Augustus solía contarle hasta el alba “historias de los nativos de la isla de Tinián y de otros lugares que [dizque] había visitado en el curso de sus viajes”), furtivamente y sin autorización de sus padres y con la posibilidad de perder la fortuna que le prometiera su abuelo, Pym, el 17 de junio de 1827, se oculta dentro de un cajón rectangular dispuesto en la bodega del Grampus

   
Ilustración: Luis Scafati
          Escondido en ese oscuro cajón, previamente equipado por Augustus sin autorización de su padre el capitán Barnard, Pym percibe el movimiento del bergantín cuando zarpa tres días después. Ese día Augustus bajó a visitarlo y ya no lo vuelve a ver hasta transcurridos más de diez días. Durante ese lapso, sin saber qué ocurría en cubierta, Pym —pese a que en un momento se une a él su perro terranova Tigre (introducido de contrabando por su amigo) y que luego por su sorpresiva agresividad parece atacado por la rabia—, sufre una serie de pesadillas y desavenencias originadas por el deletéreo y enrarecido aire de la bodega, por la creciente sed y por la paulatina falta de alimentos apropiados. Sólo se entera de los crímenes ocurridos en el Grampus cuando Augustus baja a la cala y le lleva agua y unas papas hervidas. Veintisiete tripulantes no participaron en el motín. Y veintidós de éstos fueron decapitados, uno a uno, por el cocinero negro: los arrastraron “hasta el portalón, donde el cocinero negro los esperaba para descargarles un hachazo en la cabeza mientras los otros los sujetaban”. Augustus salvó su cabeza y su vida porque Dirk Peters, dizque lo tomó de sirviente personal. Mientras que su padre, el capitán Barnard, y otros cuatro marineros, fueron abandonados “no muy lejos” “de las islas Bermudas”.
 
Ilustración: Luis Scafati
(detalle)
        Después del motín y de la matanza en el Grampus hay dos grupos: uno lo lidera el piloto, quien planea “equiparlo en alguna de las islas del Caribe para dedicarse a la piratería”. El otro grupo lo lidera el cocinero negro; y según Pym, “era el más fuerte e incluía entre sus partidarios a Dirk Peters”, quien en la empresa del inicio era “el encargado de las líneas de los arpones”. Y al parecer por ello Dirk Peters “insistía en seguir el rumbo original del viaje al Pacífico sur; una vez allí [apunta Pym], se dedicarían a cazar ballenas o a obrar según las circunstancias lo aconsejaran. Las descripciones de Peters, que había visitado muchas veces esas regiones, pesaban mucho entre los amotinados, que parecían vacilar entre confusas nociones de ganancias o de placeres. Peters hablaba de las innumerables novedades y diversiones que encontrarían en las innumerables islas del Pacífico, la absoluta seguridad de que gozarían en ellas, pero insistía más particularmente en las delicias del clima, los abundantes medios de vida y la voluptuosa belleza de las mujeres.”
 
Ilustración: Luis Scafati
         Mientras tal dilema se despeja, Pym permanece oculto en la bodega, no sin el peligro y la amenaza de ser descubierto y asesinado o lanzado al mar. Augustus no le revela a Peters su presencia hasta que se pergeña una sublevación contra los amotinados. Para entonces éstos son nueve y los otros sólo tres. La estratagema para sorprenderlos, aterrorizarlos y matarlos implica que Pym se maquille y disfrace del hinchado cadáver de Hartman Rogers, un marino envenenado por el piloto, cuyo cuerpo aún no arrojan al turbulento océano (la mortaja la habilitaron con su hamaca). Aquí vale destacar que el diestro y fortachón Dirk Peters, que casi siempre porta un machete en el cinto, es un indio mestizo (“hijo de una india de la tribu de los upsarokas” y al parecer de un “traficante de pieles”), cuya descripción es bastante pintoresca y estrafalaria. Según testimonia Pym:
   “Pocas veces he visto hombre de aspecto más feroz que este Peters. De baja estatura (cuatro pies y ocho pulgadas, a lo sumo), tenía brazos y piernas dignos de Hércules. Sus manos, sobre todo, eran tan enormemente grandes y anchas que apenas conservaban forma humana. Sus brazos y piernas estaban arqueados de la manera más extraña. La cabeza era igualmente deforme, de enorme tamaño, y tenía en la coronilla las mismas muescas que suelen tener los negros; era completamente calvo. A fin de ocultar este defecto, que no procedía de la edad, solía usar una peluca fabricada con cualquier pelo que tuviera a mano, a veces una piel de perro lanudo o de oso gris. En aquellos días [del inicio de la travesía] llevaba en la cabeza un pedazo de piel de oso que contribuía no poco a aumentar la ferocidad natural de su semblante, la cual le venía de su sangre upsaroka. La boca le llegaba casi de oreja a oreja; tenía labios muy finos que, como otras proporciones de su cuerpo, parecían desprovistos de movimiento, con lo cual su expresión habitual no variaba jamás y en ninguna circunstancia. En cuanto a dicha expresión, será posible concebirla si agrego que tenía los dientes extraordinariamente largos y salientes, tanto que los labios no alcanzaban a cubrirlos del todo. De mirar casualmente a este hombre se podría haber imaginado que su rostro estaba contraído por la risa; pero una mirada más atenta hubiese mostrado que si aquella expresión era realmente de alegría, se trataba de la alegría de un demonio.” 
   
Ilustración: Luis Scafati
       Un tremendo y furioso huracán es lo que manda a pique al Grampus. Los únicos sobrevivientes (sedientos, hambrientos, atados a los restos del bergantín y expuestos a numerosos peligros, entre ellos los tiburones) eran Dirk Peters, Pym, Augustus (herido de un brazo) y Richard Parker, quien fue de los últimos nueve amotinados. (El perro Tigre, sorpresivo protagonista, incluso, en la pelea contra éstos, se infiere que murió durante el naufragio). Y de esos cuatro sufrientes y esmirriados náufragos sólo quedaron dos: Arthur Gordon Pym y Dirk Peters.
     Pese a que al final del capítulo XIII, Pym reporta que el objetivo de la goleta británica Jane Guy era “una expedición de caza y comercio por los Mares del Sur y el Pacífico”, su intrincado derrotero resulta, no el de un navío mercante que navega en pos de tal dirección y cometido, sino el de un aventurero barco, de geógrafos y naturalistas, con un destino azaroso e incierto, y por ende la goleta Jane Guy rumbea en sentido contrario explorando varias islas. Por ejemplo, pasan cerca del Cabo de Buena Esperanza (al sur de África), de la isla del Príncipe Eduardo, de la isla de la Posesión, de las islas Crozet. Y el 18 de octubre de 1827 llegan al archipiélago Kerguelen, “en el océano Índico del Sur”. Y ya en la isla de la Desolación (o isla de Kerguelen) anclan “en el puerto de Navidad, con cuatro brazas de fondo”. 
   
Ilustración: Luis Scafati
        No sorprende, entonces, que la goleta Jane Guy retroceda de la isla de Kerguelen (de nuevo en sentido contrario) y arribe a las islas de Tristán da Cunha. Y que incluso “durante tres semanas” exploren, sin encontrarlas, el sitio donde deberían estar las míticas islas Auroras. Y que sea el propio Pym el que persuade al capitán Guy —“después de atravesar el círculo polar antártico”, y pese a la falta de combustible y al escorbuto que afecta a varios marineros—, de seguir hacia el sur en la búsqueda de “un posible continente antártico”, aún no hallado. 
   En ese derrotero es cuando el 19 de enero de 1828 avistan “un gran archipiélago”, donde fondean y planean anclar, y donde ven surgir “cuatro grandes canoas” con “un total de ciento diez salvajes”, apunta Pym, cuya “piel era de un negro azabache y tenían cabelleras largas y espesas, como de lana. Vestíanse con pieles de un animal desconocido, negro, lanudo y sedoso, cosidas con suficiente habilidad para que les ajustaran el cuerpo; el pelo estaba vuelto hacia dentro, salvo en el pliegue alrededor del cuello, las muñecas y los tobillos. Sus armas consistían principalmente en mazas, hechas con una madera oscura y, al parecer, muy pesada. Observamos empero algunas lanzas con punta de pedernal y unas pocas hondas. Los fondos de sus canoas estaban llenos de piedras negras del tamaño de un huevo grande.”
     Al parecer, esa tribu los recibe con cordialidad y asombro de sus extraños artilugios y del navío (que supuestamente creen un ser vivo). No obstante, la desconfianza de la tripulación de la goleta Jane Guy permanece latente y alerta. Encabezados por Too-wit, su jefe, los amistosos salvajes los invitan a Klock-klock, su aldea en la isla de Tsalal, que Pym describe con ojo antropológico: “Cuando llegamos al poblado con Too-wit y sus acompañantes, una multitud acudió a recibirnos con grandes clamores, entre los cuales sólo pudimos distinguir las habituales palabras ¡Anamoo-moo! y ¡Lama-Lama! Nos sorprendió muchísimo descubrir que, con una o dos excepciones, los recién llegados estaban completamente desnudos, pues sólo los hombres de las canoas vestían pieles. Asimismo todas las armas de la región parecían estar en manos de estos últimos, pues no vimos ninguna en poder de los pobladores. Había cantidad de mujeres y niños, y de las primeras no podía decirse que les faltara lo que se llama belleza física. Eran erguidas, altas y muy bien formadas, con una gracia y libertad en los movimientos que no se ven en las sociedades civilizadas. Sus labios empero, al igual que los de los hombres, eran gruesos y toscos, al punto que aun riendo no alcanzaba a vérseles los dientes. Su cabello era más fino que el de los hombres.” 
   
Ilustración: Luis Scafati
        Ocultos dientes que nunca observan mientras están en ese territorio. Y que a la postre, casi al final de la Narración, cuando el 6 de marzo de 1828 sólo quedan el par de supervivientes en la canoa donde huyen perseguidos por una enardecida multitud de virulentos aborígenes, más Nu-Nu (el salvaje que llevan cautivo), descubren que los tenían “completamente negros”, lo cual está en consonancia con su piel “negro azabache”. Indicio del insondable prejuicio racial que propició el sanguinario exterminio de los hombres blancos de la goleta Jane Guy; y, al parecer, síndrome de una rudimentaria y mítica cosmovisión y de una primitiva, prejuiciosa y ancestral gnoseología de los miembros de esa etnia denominada “Wampoos o Yampoos, los notables de la tierra”. Intríngulis que, curiosamente (y por un sentido estético del autor), se espejea o refleja en la dualidad de cierta naturaleza, marítima y terrestre, que en esas supuestas latitudes del globo terráqueo contrasta y contrapone a lo negro y a lo blanco. En lo cual, al parecer, y por lo que alude Julio Cortázar en su prólogo, subyace la arraigada idiosincrasia sureña de Edgar Allan Poe, sus atavismos racistas y segregacionistas, y el hecho de que “no disimuló jamás sus opiniones en favor de la esclavitud”. 
     
Ilustración: Luis Scafati
       Pues en el proceso de la hospitalidad que los nativos les brindan a los tripulantes de la goleta Jane Guy, establecen un trueque comercial (ventajoso para los visitantes), cuyo meollo, maquillado con el arquetípico buen trato del buen salvaje, se torna una teatralización hipócrita y traicionera, cuando, sin decir agua va, emboscan y asesinan a treinta marineros blancos que iban en fila india invitados a la aldea para despedirse (entre ellos el capitán Guy). Es decir, subiendo el desfiladero de una cumbre, los negros nativos provocan una inesperada avalancha que entierra vivos a sus blancos invitados. Arthur Gordon Pym y Dirk Peters, con más vidas que las siete vidas de un gato negro emparedado y tuerto, fueron los únicos sobrevivientes de esa sorpresiva e inesperada masacre. Y desde su escondrijo en lo alto (una estrecha fisura o cueva) observan en perspectiva, en un amplio panorama, cómo unos “diez mil salvajes”, a pie o en rústicos botes y balsas y desde distintos linderos terrestres y acuáticos, se desplazan hacia la orilla, y cómo atacan y arrastran hasta la playa y desvalijan la goleta británica Jane Guy, donde a bordo habían quedado seis marineros de guardia. Pero lo que los bárbaros no esperaban fue la descomunal y estruendosa explosión del barco que causaron, que mató “Quizás un millar de ellos”, “mientras un número igual quedaba igualmente herido” en la arena, cerca del cadáver del extraño animal blanco, rodeado de estacas por los nativos que lo sacaron del barco y lo arrastraron, el cual, por decisión del capitán Guy, había sido capturado y “embalsamado para llevarlo a Inglaterra”. 
 
Ilustración: Luis Scafati
       Sobre tal espécimen, Pym, semejante a un explorador naturalista, anotó en su diario en la entrada del 18 de enero de 1828: “La declinación magnética era ahora insignificante. Durante el día vimos varias ballenas y cantidad de bandadas de albatros sobrevolando nuestro navío. Sacamos asimismo del agua un arbusto que flotaba, lleno de frutos rojos semejantes a los del espino, y el cuerpo de un animal terrestre sumamente raro. Tenía tres pies de largo, pero sólo seis pulgadas de ancho; las patas eran muy cortas, mientras las pezuñas estaban armadas de largas uñas de un escarlata brillante, cuya sustancia parecía coral. El cuerpo se hallaba cubierto de una piel lisa y sedosa, completamente blanca. La cola semejaba la de una rata y medía un pie y medio. La cara era parecida a la de un gato, salvo las orejas, que colgaban como las de un perro. Los dientes tenían el mismo color escarlata de las garras.”
Ilustración: Luis Scafati
(detalle)



Edgar Allan Poe, Narración de Arthur Gordon Pym. Prólogo y traducción del inglés de Julio Cortázar. Ilustraciones en blanco y negro de Luis Scafati. Libros del Zorro Rojo. Polonia, enero de 2015. 248 pp.