jueves, 9 de junio de 2016

Borges en Sur

Érase el hombre invisible en Buenos Aires

Nacido el 24 de agosto de 1899 en Buenos Aires, Argentina, Jorge Luis Borges murió el 14 de junio de 1986 en Ginebra, Suiza. Editado en Buenos Aires por Emecé, en marzo de 1999, dentro del contexto de las celebraciones mundiales del centenario de su nacimiento, Borges en Sur, con nueve mil ejemplares, es una antología de las colaboraciones con que Borges, entre 1931 y 1980, participó en Sur, la revista fundada por Victoria Ocampo, gracias al entusiasmo y a la persuasión de Waldo Frank y de Eduardo Mallea, pero bautizada por Ortega y Gasset “en una casi legendaria conversación telefónica” que éste y Victoria Ocampo sostuvieron entre Buenos Aires y Madrid, según cuenta María Esther Vázquez en su biografía: Borges. Esplendor y derrota (Tusquets, 1996): “Llamar a larga distancia en aquellos días no era fácil ni barato. Pero ella había hecho antes y haría después cosas bastante más difíciles.”

 
Victoria Ocampo
Foto: Man Ray
       Borges en Sur
es una miscelánea. La edición, con visibles erratas, fue “cuidada” por Sara Luisa del Carril y Mercedes Rubio de Socchi, autoras, al parecer, del acopio, exclusión, orden, notas y manualidad del libro, lo cual comprende dos prólogos sin firma: una “Nota del editor” y otra “Sobre la revista Sur”, que preceden las 101 colaboraciones antologadas, divididas en seis apartados: “Artículos” (que cierra con “Variación”, poema de Borges “no incluido en libro alguno”), “Traducciones”, “Notas”, “Cine”, “Los libros” y “Miscelánea”. 
   Vale recordar, entre paréntesis, que Sara Luisa del Carril es la autora del exhaustivo acopio y anotación del póstumo tomo: Jorge Luis Borges. Textos recobrados. 1919-1929 (Emecé, 1997); y con Mercedes Rubio de Socchi de los siguientes dos títulos que completan la trilogía: Jorge Luis Borges. Textos recobrados. 1931-1955 (Emecé, 2001) y Jorge Luis Borges. Textos recobrados. 1956-1986 (Emecé, 2003). 
   
Jorge Luis Borges en 1943
Foto: Gisèle Freund
(Emecé, Buenos Aires, 1999)
        En Borges en Sur cada colaboración incluye, al pie, la ficha de la revista donde fue publicada (número anual, número de serie, fecha), más la referencia (si es el caso) de otro título donde la misma colaboración fue incluida, lo cual, en gran parte, se limita a tres rarezas bibliográficas: Borges y el cine (Sur, 1974), antología de artículos de Borges con un ensayo de Edgardo Cozarinsky; Páginas de Jorge Luis Borges seleccionadas por el autor (Celtia, 1982), con un prefacio de Alicia Jurado; y Jorge Luis Borges. Ficcionario. Una antología de sus textos (FCE, 1985), con edición, introducción, prólogos, notas y cronología de Emir Rodríguez Monegal. A esto se añaden tres notas intermedias y los índices: el “Indice temático”, dividido en 14 grupos; el “Indice cronológico”, con una nota preliminar, que desglosa las fichas bibliográficas de las 189 colaboraciones de Borges en la revista Sur, de 1931 a 1980, indicando, con un asterisco, las 101 antologadas en el presente libro; el índice de los textos de Sur publicados en los libros reunidos por Borges en el legendario volumen de sus Obras completas (Emecé, 1974), con otra nota preliminar, y que en buena parte son los textos excluidos de Borges en Sur; y, por último, el “Indice general”. 
Obras completas (Emecé, 14a. ed, Buenos Aires, 1984),
cuya primera edición data de 1974.
        En la anónima “Nota del editor” se informa que 75 de las colaboraciones de Borges en Sur han sido publicadas en el citado tomo de las Obras completas de Borges. Que 33 se hallan en las susodichas antologías: la de Edgardo Cozarinsky, la prologada por Alicia Jurado, y la editada y anotada por Emir Rodríguez Monegal. Que 65 son inéditas “en forma de libro”, lo cual se reitera en el cintillo publicitario que rodeaba al libro aún sin abrir e implica el énfasis de la rimbombante novedad, y el hecho de que ahora los lectores de diversas latitudes del orbe pueden acceder, en un solo volumen, a tales rarezas de la arqueología borgeana, lo cual no era fácil, incluso para los argentinos, si se considera lo que se apunta al término de la misma nota: 

       “Agradecemos a Irma Zangara que nos facilitó parte del material.
   “Agradecemos especialmente a la Librería Aquilanti [en Buenos Aires] que con toda     generosidad nos ha permitido consultar la colección completa de Sur en reiteradas oportunidades.” 
   
Cintillo de Borges en Sur (Emecé, 1999)
          Cabe observar, que Irma Zangara —recopiladora de Borges en Revista Multicolor. Obras, reseñas y traducciones inéditas de Jorge Luis Borges. Diario Crítica: Revista Multicolor de los Sábados 1933-1934 (Atlántida, 1995)— fue vicepresidenta de la Fundación Internacional Jorge Luis Borges, fundada en Buenos Aires, “el 24 de agosto de 1988”, por María Kodama —se dice en su página web—, la viuda y heredera universal de los derechos de autor de la obra de Borges. “La fundación ocupa el edificio de la calle Anchorena 1660, próximo a la casa en que Borges vivió con su familia a fines de la década de 1930. María Kodama la adquirió después de algunas dificultades e indecisiones en 1994 [sic]. Compró la propiedad, la renovó e inauguró la Fundación en la primavera de 1995 [sic]. Contiene la biblioteca de Borges y fotografías suyas, varios adornos y objetos pertenecientes al escritor y además un banco de datos para uso de estudiantes e investigadores.” Apunta el escurridizo James Woodall en su controvertida biografía: La vida de Jorge Luis Borges. El hombre en el espejo del libro (Gedisa, 1998). 
Iniciadores de la revista Sur en 1930:
En la fila de atrás (de pie y de izquierda a derecha): Eduardo J. Bullrich, Jorge Luis Borges, Francisco
Romero, Eduardo Mallea, Enrique Bullrich, Victoria Ocampo y Ramón Gómez de la Serna; sentados
(de izquierda a derecha): Pedro Henríquez Ureña, Oliverio Girondo, Norah Borges de De Torre,
María Luisa Olivier, Carola Padilla, Ernest Ansermet y Guillermo de Torre. La fotografía que
aparece en la mesita de la derecha es de Ricardo Güiraldes.


Foto en La vida de Jorge Luis Borges. El hombre en el espejo del libro (Gedisa, 1998)
        Borges estuvo en el primer comité de Sur. Y Guillermo de Torre —autor de Literaturas europeas de vanguardia (Caro Raggio, 1925) y de los tres tomos de Historia de las literaturas de vanguardia (Guadarrama, 1971), quien en 1928 se casó con Norah, hermana de Borges, y correligionario de éste en la vanguardia ultraísta (primero en España y luego en Buenos Aires)—, fue el primer secretario de redacción de la revista. La primera colaboración de Borges en la revista Sur, publicada en el número 1, en enero de 1931, fue el ensayo “El coronel Ascasubi” —no antologado en Borges en Sur—, luego reunido, con el título “La poesía gauchesca”, en la edición de 1957 de Discusión (Gleizer, 1932); libro que también incluye “El Martín Fierro”, la tercera colaboración de Borges en la revista, tampoco incluida aquí, publicada en el número 2, en mayo de 1931. Y la última, editada en el número 347, de julio-diciembre de 1980, fue una “Carta de Borges a Victoria Ocampo”, que no figura en Borges en Sur.

   
Victoria Ocampo
     
Sur número 1
(enero de 1931)
       En este sentido, la colaboración más antigua de Borges antologada en Borges en Sur es la cuarta, aparecida en el número 2, en mayo de 1931, que comprende tres poemas de Langston Hughes traducidos al español por Borges, precedidos de los originales en inglés. Y la menos vieja de las antologadas es la 188 (que cierra el libro): “Homenaje a Victoria Ocampo”, impresa en el número 346, de enero-junio de 1980, y es el póstumo discurso que Borges dijo el “15 de mayo de 1979” en la sede de la UNESCO, en París, pues Victoria había muerto de un cáncer de garganta el 27 de enero de ese año. En el texto (una forma del brindis), Borges glorifica e idealiza el cosmopolitismo de Victoria Ocampo. Con su previsible cortesía y humor, refiere, entre otras cosas, el hecho de que nunca fueron amigos íntimos y que siempre estaban en desacuerdo; no obstante, Victoria lo reconoció y tributó con la edición del legendario e iconográfico Diálogo con Borges (Sur, 1969) que ella ex profeso, y en torno a su 70 aniversario, sostuvo con él. Pero también Borges bosqueja su elección para la revista Sur y la diligencia de Victoria para su nombramiento, en 1955, como director de la Biblioteca Nacional de la Argentina: 
 
Victoria Ocampo entre Adolfo Bioy Casares y Jorge Luis Borges
Mar del Plata, marzo 17 de 1935
        “El recuerdo de Victoria Ocampo me acompañará siempre. Yo no era nadie, yo era un muchacho desconocido en Buenos Aires, Victoria Ocampo fundó la revista Sur y me llamó, para mi gran sorpresa, a ser uno de los socios fundadores. En aquel tiempo yo no existía, la gente no me veía a mí como Jorge Luis Borges, me veía como hijo de Leonor Acevedo, como hijo del Dr. Borges, como nieto del coronel, etc. Pero ella me vio a mí, ella me distinguió cuando casi no era nadie, cuando yo empezaba a ser el que soy si es que soy alguien todavía, porque a veces tengo mis dudas, a veces creo que soy una superstición de ustedes y ustedes me han inventado, sobre todo Francia me ha inventado. Yo era el hombre invisible de Wells en Buenos Aires y luego recibí aquel premio internacional. Bueno, ahí votó por mí Roger Caillois y entonces empezaron a verme en Buenos Aires, se dieron cuenta que yo estaba allí y todo eso lo debo también a Victoria Ocampo. Fui nombrado director de la Biblioteca Nacional después de los años aciagos de la dictadura de cuyo nombre no quiero acordarme y debo eso a la iniciativa de Esther Zemborain de Torres y de Victoria Ocampo. A ellas se les ocurrió que yo podía ocupar el sillón de Groussac y de Mármol. A mí me pareció que eso era imposible. Les dije: ‘Quien mucho abarca poco aprieta, yo preferiría dirigir la Biblioteca de Lomas de Zamora’, que es un pueblo que está al sur de Buenos Aires. Victoria me dijo: ‘No sea idiota’. Efectivamente, ocupé el sillón de Groussac. Yo dirigí aquella biblioteca y descubrí que se cumplía en mí un hecho que voy a recordar ahora. El hecho es éste: Groussac había sido ciego y había dirigido la biblioteca. A mí me dieron un tiempo los 900.000 volúmenes (habrá menos ahora, habrán robado muchos sin duda, digamos unos 800.000 ahora) de la Biblioteca Nacional y descubrí que estaba ciego, apenas podía descifrar las carátulas y los lomos de los libros. Entonces escribí un poema, pero una vez que escribí esos poemas sobre Dios, que con magnífica ironía me dio a la vez los libros y la noche, descubrí que esa dinastía era triple, ya que José Mármol, el olvidado novelista argentino, que ha fijado para todos los argentinos y quizás para toda América la imagen no sé si más fiel pero sí la más vívida del tiempo de Rosas, había sido también ciego. De modo que parece algo misterioso, parece que es muy peligroso ser Director de la Biblioteca, porque uno corre el albur de ser ciego, pero como yo soy el tercero, quizás sea el último. El número tres tiene una significación. Si me piden un recuerdo de Victoria, es curioso, yo recuerdo que nunca estábamos de acuerdo y que siempre nos queríamos mucho, y no nos poníamos de acuerdo, pero éste es un rasgo grato, el hecho de poder estar en desacuerdo con alguien es mucho y ya que estoy en Francia, quiero recordar también a un hombre a quien recuerdo siempre, Pierre Drieu La Rochelle. Yo lo conocí, Victoria lo había invitado, fue uno de los dones que Victoria hizo a nuestro país, y recuerdo que salimos a caminar por los arrabales de Buenos Aires. No sé si era por Chacarita, por el puente de Alsina, por Barracas, no recuerdo muy bien dónde, pero de pronto sentimos la gravitación de la llanura. Habíamos dejado las casas y estábamos entrando en el campo, entonces Drieu dijo una cosa que no recogió en ningún libro, pero que es la definición de la llanura, que todos los escritores argentinos hemos buscado, con la cual no hemos dado. Fue necesario que aquel normando viniera y nos la dijera. Dijo: ‘Vertige horizontal’, es la expresión magnífica, una hermosa metáfora.
   
Victoria Ocampo y Pierre Drieu La Rochelle
      “Pues bien, a Victoria le interesaba la literatura francesa, pero no sólo los autores ilustres sino los escritores medianos, por ejemplo si yo hacía una alusión a Gide, Victoria la conocía desde luego. Si yo aludía al Sr. Sherlock Holmes y su amigo el Dr. Watson ella indudablemente los conocía también. Frecuentaba a Leroux también, y me parece que el hecho de conocer a los escritores menores, de conocer el slang de los diversos idiomas, esa es la verdadera intimidad con un país. Y ahora sólo me resta decir que es importante honrar a Victoria, pero que es más importante ser dignos de aquella alta memoria de Victoria Ocampo. Debemos tratar de continuar su labor, debemos tratar de interesarnos no en un solo país, en un solo proceso histórico, sino iniciar esa aventura imposible y generosa de la humanidad, debemos interesarnos en el universo. Muchas gracias.” 
José Bianco
(1908-1986)
       Entre 1938 y 1961, José Bianco estuvo en la redacción de Sur, primero como secretario y luego como jefe. “Fueron sin duda los años más fecundos de Sur”, se reitera aquí. Su novela Las ratas (Sur, 1943) fue reseñada por Borges en el número 111, de enero de 1944, reseña incluida en Borges en Sur. Luego de que cierta Comisión Nacional de Cultura no otorgó el Premio Nacional de Literatura a El jardín de senderos que se bifurcan (Sur, 1941) , José Bianco, en el número  94 de Sur, de julio de 1942, publicó el legendario “Desagravio a Borges”, conjurado por él y Eduardo González Lanuza. Bianco murió el 24 de abril de 1986 y Borges el 14 de junio del mismo año. Pero como indicios del afecto que los vinculó, pueden leerse dos textos: el prólogo que Borges fechó en “Buenos Aires, 18 de septiembre de 1985”, ex profeso para Ficción y reflexión, volumen antológico de la obra de Bianco editado en México, en 1988, por el FCE. Y en tal tomo, entre las páginas donde José Bianco recuerda a Victoria Ocampo, a la revista Sur, y a Borges, hay una crónica memoriosa de 1986 titulada “Borges”. Allí, Bianco evoca:  

   
(FCE, México, 1988)
       “Mi relación con Borges se hizo más asidua a través de Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares. Tantas veces he comido con Borges en casa de ellos, primero en Coronel Díaz, después en Santa Fe, después en Aguado, y por último en Posadas, donde viven actualmente, en la misma casa donde lo conocí. Cuando entré a trabajar a Sur, en mayo de 1938, pocas cosas me daban más alegría que las colaboraciones de Borges. Me parecía, en cierto modo, que justificaban la revista. Recuerdo que a consecuencia de una operación en la que estuvo a punto de morir (en aquella época no existían los antibióticos) Borges temió por su integridad mental. Durante la convalecencia y después, ya curado, decidió abordar un género nuevo, escribir algo completamente distinto de lo que había hecho hasta entonces; que no se pudiera decir: ‘Es mejor o peor que el Borges de antes.’ Así nació su primer cuento fantástico de inspiración metafísica: ‘Pierre Menard, autor del Quijote’. Borges estaba tan preocupado por el texto que acababa de entregarme —quizá ni él mismo se daba cuenta clara del resultado de su talento—, que a la mañana siguiente me llamó para saber qué me había parecido. Le dije la verdad: ‘Nunca he leído nada semejante’, y me apresuré a publicarlo, encabezando el número 56 de Sur.” Número correspondiente a mayo de 1939 y cuento que Borges compiló en su citado libro: El jardín de senderos que se bifurcan (Sur, 1941), luego integrado como primera sección de Ficciones (Sur, 1944). 


Jorge Luis Borges, Borges en Sur. 1931-1980. Antología y edición al cuidado de Sara Luisa del Carril y Mercedes Rubio de Socchi. Emecé Editores. Buenos Aires, marzo de 1999. 360 pp.  


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